Cuando los dioses están de buenas

Cuando los dioses están de buenas
Por: Lourdes Denisse Calleja Ávila

p1060551

 

Es difícil tener algo frente a tus ojos y no creer que esté pasando.

 

Es todavía más difícil cuando creciste con ideas muy bien programadas sobre lo que es posible o imposible, bueno o malo y lo que tienes frente a ti lo está retando todo, es como si fallara la gravedad y nadie a tu alrededor pareciera alarmado.

 

Es difícil pero en Brasil lo viví. Vi a los dioses venir a este mundo para asistir a las fiestas en su honor, los vi entrar en los cuerpos de sus fieles y bailar, comer, beber cachaca y después abandonar estos cuerpos como si se tratará de títeres.

 

Yo llegue a Brasil por casualidad, en uno de esos viajes que planeas un par de semanas antes y ni tienes el tiempo suficiente para empacar lo necesario.

 

Estaba confundida, sin mucha dirección sobre lo que quería hacer con mi vida y un viaje lejos me pareció buena idea, tal vez viendo las cosas desde fuera me fuera posible acomodar mis ideas. Desde el momento en el que decidí ir a Brasil me puse en contacto con Leo, un padre de santos de Candomble que yo había conocido en México. Leo me invitó a pasar un tiempo con él en su pueblo, Pocoes, me ayudaría mucho, me dijo, sobre todo si estaba pasando por un momento difícil.

 

El Candomble es una religión afro-brasileña que llegó a Brasil en el siglo XVI; llegó apretujada en barcos dentro de las cabezas de los miles de esclavos africanos que fueron enviados y vendidos en Sudamérica.

 

Mi viaje con Leo inicia en Salvador, pasamos un par de días hospedándonos con una amiga suya y conociendo la ciudad.

Luego tomamos un autobús a Vitoria da Conquista, el viaje dura aproximadamente diez horas, luego viajamos un par de horas más hacia Poçoes, la ciudad pequeña donde Leo tiene su ile.

 

El primer día llegamos tarde y cansados y nos vamos a dormir casi de inmediato.

 

Al día siguiente es cuando me doy cuenta de que tan poco sabía sobre lo acontecería; me siento como una niña otra vez: no se vestirme (Un par de mujeres vienen a enseñarme como colocarme el pano en la cabeza)no se hablar (A pesar de que la mayoría del intercambio entre los integrantes se da en Portugués, el idioma oficial del Candomble es el Yoruba)ni siquiera sé como saludar a las personas (Se toman de las manos y posteriormente la persona con rango menor besa la mano de la persona con rango mayor, quién contesta el saludo con otro beso)

 

Leo me reclama cuando me presenta con Vandinha por no haber besado su mano primero, pero no tenía idea de que debía hacerlo, me siento presionada, como cuando en la primaria el maestro te llamaba para pasar al pizarrón y pasabas aunque no sabes la respuesta.

 

Por lo mismo mi primera obligación es solo entender y aprender, los primeros días me entregan un altero de libros con la historia de cada uno de los dioses, que son conocidos como orixas, las comidas típicas, las recetas, las plantas sagradas y como utilizarlas.

 

También tengo que dedicarme a observar a otras mujeres y hombres del ilê cocinar y limpiar la casa. Mientras realizamos estas tareas Leo aprovecha para contarme más historias de los orixas, “Oxossi es el guerrero, en la religión católica lo llaman San Jorge, Oxala se representa con el color blanco, en la religión católica lo representan con Jesucristo”.

 

Como alguien que creció con una educación católica me impresiona la forma en la que no busca contradecir a la otra religión, si no unirla a la suya, a mi siempre se me había enseñado que las religiones no caben en el mismo espacio, que se pelean unas con otras, pero entre el pueblo del Candomble, a pesar de las ideas negativas que se tienen sobre ellos, no existe ese rechazo a lo diferente.

 

Aprendo que en el Candomble no hay pecado ni castigos,

 

Pero existen otras cosas que aún no puedo saber, secretos que solo se revelan una vez que formas parte de la religión, cuando tienes la cabeza feita. Para esto es necesario tener una pequeña abertura hecha en la parte superior de la cabeza y permanecer varios días encerrado en convivencia solo con los dioses, para que ellos entren en ti de manera permanente.

 

Como yo no he realizado esta ceremonia, aún me encuentro fuera. Le pregunto a Leo más acerca de los secretos y él se apunta los ojos y me dice todo está aquí, el secreto está aquí dentro.

 

Una tarde Leo me manda a buscar algo que olvidó dentro del carro, salgo, y al querer regresar al ile uno de los perros que vive ahí, viejo y que ya solo pasa sus días recostado, derrepente parece rejuvenecer y se pone de pie frente a la puerta de entrada y comienza a gruñirme. Grito pero nadie me escucha, al final me acerco tomo al perro por la cabeza y el cuello para evitar que me muerda, lo empujo y entro corriendo, pensando que fue solo mala suerte, a veces los perros no confían en los extraños.

 

La primera vez que entró al jardín del ile no acontece nada, pero la primera vez que camino sola por el, la rama de un árbol se rompe y cae sobre mi cabeza.

 

Entonces se lo platico a Leo, el se lo toma enserio y dice que se trata de espíritus de antepasados míos queriendo llamar mi atención, por lo que decide que me hará una limpia para que estos espíritus me dejen en paz.

 

Antes de realizar el trabajo me pregunta si estoy menstruando, digo que no y responde que muy bien; no se les permite a las mujeres realizar este tipo de ceremonias durante su periodo, por que se encuentran “de cuerpo abierto” y más vulnerables a que espíritus, sentimientos o intenciones negativas entren a el.

 

Esta ceremonia para liberarme del pasado consiste en un baño de diversos granos y comidas sagradas.

 

Primero me visto completamente de blanco, y me paro fuera de la casa de los espíritus.

 

La casa de los espíritus es un pequeño cuarto en la esquina del jardín formado por cuatro paredes sin un techo, ni ventanas solo tiene una pequeña puerta que se encuentra entreabierta, nunca puede abrirse completamente, ni cerrarse completamente, y nadie puede entrar, nadie lo ha hecho desde que fue construida.

-“¿Ni siquiera tú puedes entrar?” le pregunto a Leo, “Ni siquiera yo, es muy peligroso” “¿Peligroso por qué?” “Muy peligroso” Vuelve a repetir, sin darme más explicaciones ¿será uno de los secretos?

 

Leo comienza a hablar en Yoruba y a derramar los granos sobre mi cabeza. Frijoles, miel, farofa, arroz, harina, granos de maíz revienta un par de huevos en mi frente y por último toma las palomitas, coloca su mano frente a mi boca y me dice que coma.

 

Después necesito un baño de hierbas sagradas, me quito la ropa y me siento dentro de una regadera, no puedo hacerlo por mi misma, tiene que ser alguien con un rango más alto que lo haga, llega Nea, una mujer de aproximadamente 40 años que forma parte del ile desde hace un tiempo, y comienza a derramarme el jugo de las hierbas aplastadas encima. Después me dice que me enguaje bien, que no queden rastros de nada en mi cuerpo ni cabello.

 

Cuando salgo del baño se me dice es necesario lavar inmediatamente la ropa que utilicé, y que lo haga con cuidado y mucha atención ya que no puede quedar ni un solo grano escondido entre los botones de la blusa, el más mínimo residuo puede causar que algún pedazo de mi pasado se quede en mí y haga estragos.

 

No hay lavadora, me pasan un balde y un jabón, nunca he lavado a mano. Lo hago lo mejor que puedo pero aún así al final distingo que quedaron algunas leves manchas amarillentas de la miel sobre la tela blanca.

 

Cansada suspiro y espero que los dioses entiendan y lo dejen pasar.

 

El paso siguiente, es presentarme ante los dioses.

 

A nadie le gustaría que extraños entren a su casa sin llamar a la puerta; a los dioses tampoco. Para ser aceptada en el ile primero hay que hacer una ofrenda para Exu (El que abre los caminos entre este mundo y el otro) y pedirle su aprobación.

 

Compramos los ingredientes de las comidas favoritas de Exu para la ofrenda que voy a llevarle y un grupo de mujeres vienen a ayudarme y enseñarme a como cocinar y presentarle los alimentos.

 

Exu y el resto de los dioses tienen gustos simples. Frutas, verduras, harina con aceite de dende, palomitas de maíz, camarones fritos y un trozo de filete de res.

 

Ya que los platillos están listos, nos aproximamos a la casa de Exú y Leo llama a la puerta y hace el saludo a Exu antes de abrir (cada dios responde a un llamado diferente) Leo repite su saludo al mismo tiempo que aplaude, tres aplausos lentos seguidos por tres rápidos.

 

Luego abre la puerta y el y Nea entran primero, comienza a hablar con el dios como quien hubiera entrado a casa de un amigo.

 

El contenido de la casa es un pequeño altar, objetos representativos de Exu, figuras de hierro, velas, un dibujo de sangre en la pared.

 

Abrimos la cachaca y la desparramamos por todo el altar. Luego colocamos los alimentos.

 

Después los tres nos sentamos frente a él formando un triángulo. Leo y Nea a mis lados y yo en medio, un poco más atrás.

 

Aquí Leo le dice mi nombre y mis intenciones. Lanza un puñado de caracoles y estos caen todos del lado superior formando una línea perfecta del altar hacia mí. Leo y Nea lanzan un grito de felicidad y agradecen al dios, Leo los recoge y los lanza nuevamente, y acontece lo mismo, los caracoles forman un camino perfecto de Exu a mí. Leo y Nea agradecen otra vez y voltean a verme abriendo más los ojos, como haría un padre frente a su hijo pequeño que no quiere saludar a un pariente lejano, entonces yo también agradezco.

 

Salimos de la casa y los dos me abrazan sonriendo, “Estas bienvenida” me dicen.

 

Pasan varios días en los que sigo la misma rutina, levantarme temprano, ayudar a hacer el desayuno, lavar los platos y limpiar la cocina.

 

Luego Leo comienza a llevarme con él a algunas tareas que necesita realizar, como comprar ingredientes o animales, o ya ayudo en el ile cuando alguien llama a la puerta a pedir alguna limpia o servicio.

 

Las horas y los días parecieran pasar de modo diferente, mi vida de fuera parece ser sueño al que no voy a volver.

 

El último día sacó mi maleta y vuelvo a vestirme con mi ropa habitual, la camisa de cuadros roja y el pantalón de mezclilla me hacen sentir extraña como si vestida de colores fuera otra persona.

 

Cansada de no haber tenido voluntad propia por tantos días, me siento un poco aliviada de marcharme y lo primero que hago al llegar al aeropuerto es sentarme en un McDonalds y comer dos hamburguesas, ni siquiera siento el sabor, no puedo decir si eran buenas o malas, por lo general nunca las como, pero hasta entonces siempre había tenido la opción de elegir no hacerlo y es increíble como esas cosas tan simples que ni notamos pueden terminar haciéndonos falta.

 

Al día siguiente despierto en Sao Paulo, y más abrumador que los edificios o el tráfico, me resultan la lluvia de preguntas de mis amigos. Quieren conocer los detalles más impactantes, más morbosos, quieren saber de los sacrificios de animales, de la sangre, de las posesiones, tienen ideas acerca de estos tipos de religiones que han escuchado y quieren detalles.

 

La mayoría de estas ideas son ridículas y no son ciertas, hay algunas que sí lo son, pero yo sólo sería capaz de interpretarlas desde donde yo las viví, e intentar explicar algo que no entiendo puede llevar a crear malinterpretaciones de los acontecimientos, y este es uno de los principales problemas con los que ya se enfrenta esta religión, con que la gente que no sabe hable de más. Siguen sufriendo intolerancia y persecuciones que buscan acabar con ella se sufren ataques, incendios y saqueos a sus terrenos sagrados, y también a integrantes de la religión. Por eso esas cosas decidí guardarlas para mí, que sean mi primer secreto.

 

La pregunta que si puedo contestar es ¿por qué? “¿por qué fuiste a ese lugar?” me preguntó un familiar “pensé que sólo querías viajar”  

 

Pero al final no es la distancia la que nos cambia, si no lo que aprendemos de las experiencias diferentes que vivimos. Creo que estar encerrado contigo mismo, peleando con las ideas que ya tenías de cómo funciona el mundo, es también un viaje que todos deberíamos de hacer.

 

¿Qué creo ahora? Creo que los dioses si estaban ahí, como también creo que lo están en las iglesias católicas, y en las sinagogas y en los templos budistas, creo que cuando los dioses están de buenas pueden estar en todas y cualquier parte y somos las personas las que queremos encerrarlos y complicamos todo.

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s